martes, 23 de noviembre de 2010

¡Cuac! (Ficción)


Psicólogo de perros-A ver, recapitulemos, usted persigue a sus vecinos, si le tiran un palito lo va a buscar, hace sus porquerías en la vía pública, come las sobras, y me pregunta si está bien o está mal. Como es usted un perro y yo un psicólogo de perros, yo le diría que están bien. Pero también me dice que vive con cinco humanos, dos licenciados, un músico, un consejo escolar y un bancario. Eso ya es otra cosa. Usted tiene  manifestaciones autodestructivas. Tiene que rever lo de vivir con humanos. Un poco más de autoestima mi amigo. Si,  se que es difícil tener autoestima siendo un perro salchicha, pero inténtelo, no sea pancho. Perdón, no me pude contener: permítame decirle ¡Cuac! No no soy un pato, no me corra. Es el remate del chiste que se estila. Pero, no soy un pato. Bueno, está bien, si lo hace sentir mejor. Cuac 

El alta

Psicólogo de perros- A ver, como manejamos esto. Me pregunta si usted está bien o está mal, me cuenta algunas costumbres suyas muy poco civilizadas. Y veo que es un rottweilers de 80 kilos que me mira fijo y gruñe. Claro que usted no está mal, usted está perfecto. Es más, yo lo felicito, y le confieso, lo admiro. Ya mismo le voy a dar el alta así no viene más, y ya mismo se puede ir, mientras yo me voy trepando a la araña

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