sábado, 4 de diciembre de 2010

Autovalorense, imagínense que son mis hijos (ficción)


 
 Maestra- Chicos, ustedes quieren ser artistas pero para ser artistas hay que tener autovaloración. Así que hay que trabajar la autovaloración porque la tienen por el piso. Tienen que aprender a valorarse, no hay que hacerle caso a los que dicen que no sirven;  tienen que saber valorarse,  a pesar de lo que son, miren lo que les digo. Y acá viene la otra cosa que tiene que tener el artista: imaginación. Porque para valorarse ustedes tienen que tener imaginación, mucha.

Pero si eso no funciona para autovalorarse. Para valorarse, para tener una vida respetable, una vida que vale la pena vivirla, una vida de Revista Gente, imagínense que son mis hijos. Eso si es autovaloración. Imagínense que son mis hijos. Que hermoso ¿No? Que linda que es la vida ¿He? Ustedes piensan ¿Que hicimos para vivir esto? Es así chicos,  a veces la suerte toca a la puerta. ¿Escuchan? Es la suerte tocando a la puerta. Pase suerte, pase, díganle.  ¡Ahora son mis hijos! ¡Que golpe de suerte! Se sacaron la lotería. Tienen que cantar: ¡Bingo! A ver los quiero a todos cantando bingo. ¡Bingo! Ahí está.

Y ahora que son mis hijos. Están todos aprobados, no puedo desaprobar un hijo mío con lo buena madre que soy. Que hijos divinos que tengo, se sacaron diez, conmigo. Y los felicito, aprendieron muy bien lo de la autovaloración. Se van con el autoestima por el techo. En la próxima clase vamos a hablar de la humildad chicos

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