domingo, 29 de mayo de 2011

Cotidiano. Nuestra relación con los ejercicios

Otro de los problemas de nuestro mundo cotidiano son las elongaciones a determinado momento de nuestras vidas. Si te querés   elongar debajo de las piernas con la apertura típica de piernas, una pierna para cada lado, aunque ellas no lo sepan, te das cuenta que no estás bien porque bajas un poco y se te rajan los músculos de la espalda. Está tan interconectado y endurecido el cuerpo que abrís un poco más las piernas y sentís que se te fractura el hombro. Volvés a abrir y se te acalambra una oreja; abrís un poco más, aún más allá del dolor y el omóplato te sale volando por la espalda. Es como si la apertura de las piernas fuera una bisagra de apertura  del cuerpo y del dolor. Y se transforma en un momento de conocimiento, aparecen dolores que en tu vida habías  conocido. Se amplía el universo del dolor, y surgen músculos, pequeños músculos, grandes músculos, dolorosos músculos,  que no sabíamos que teníamos. A esa altura te abrís un poco más y te preguntas si te hicieron de yeso, y  te vas a romper  todo en ese momento
Tenes que hacer la apertura con cuatro traumatólogos al lado, así que el profesor de yoga y los compañeros del gimnasio, tienen que ser prudentemente traumatólogos. Y no es que los años no pasen factura, pasan factura, recibos, piden tarjeta verde, documento,  carnet de conducir. Y nos preguntan adonde estuvimos el día anterior a esta hora.
Y a esa altura, ya habiendo bajado lo máximo, nos damos cuenta de que hay otro problema, volver a la posición inicial, aquella de la que partimos hace un siglo ya y todo un universo de dolor. Por experiencia personal recomendamos llevar víveres, porque se van a quedar mucho tiempo ahí, paciencia, o un celular para que los vayan a buscar, a esa posición

Así que el combo completo para elongar seria llevar víveres, traumatólogos, no llevar experiencia, y a la dignidad llevarla, si (en algún momento va a ser necesaria) pero taparle los ojos, porque a esa altura de la elongación y la apertura, no solo de desgarra el cuero cabelludo, la campanilla de la garganta, sino también el autoestima

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