domingo, 29 de abril de 2012

La paseadora de sillas




Como usted ya sabe, so soy la paseadora de sillas, de tanto esperar sentada a los hombres, saco de vacaciones sillones, mudo camas. Me sigue una silla atada al pie, no sé si me sigue el cansancio, el descanso. No sé si soy de esas a las que la vida le es un eterno descanso entre una cosa y otra. Tengo de mascota una silla, que me sigue, me viene siguiendo de chica. En realidad ya cuando era árbol me miraba. Yo creo que era un pino que teníamos en el patio, que crie de chico, porque tenía de mascota un pino, siempre fui muy quieta, muy tranquila, y me parecía una planta la mascota ideal. Una vez me trajeron una tortuga, pero me parecía muy vertiginosa. Bueno, era un pino particular,  daba ciruelas, maníes, y un día dio una papa. Yo creo que era un pino generoso, porque daba hasta lo que no tenía. No como esos árboles de manzanas que te dan manzanas. Y si tienen. No es que te dan, se las sacan de encima. Pero el pino daba ostras, algas, huevos. Creíamos que el pino vivía cada noche distintas vidas. El pino, dijimos a nuestro padre, está entre varias dimensiones. Una tía abierta que teníamos decía, el pino no tenía límites “Es el pino más progresista que he visto”  “Bueno, si vamos a hablar de pinos nada reprimidos, este es un pino nada reprimido” decía otra tía nuestra. Por ahí te daba bananas, o por ahí zas, naranjas. Arriba se le veía una batata, te aparecía con una rosa a cuarto de árbol. A mitad del pino, chau, un zapallo colgando

El caso es que mi padre se asusto y lo terminó tirando. Y  yo creo por cómo empezó a manejarse esta silla, que el pino era esta silla. Y ahora me sigue, y la verdad que un poco me ha contagiado y tengo el alma de la silla. Un poco me fui volviendo la silla, y un poco me fui volviendo el pino, y un poco me fui volviendo todos los frutos que traía.  Ya veces siento que me he vuelto los pájaros, porque ese pino sí que tenía pájaros. Y a veces me siento una bandada, una bandada de mi misma. Debo ser la primera persona con una clonación psicológica

Y como usted sabe, ahora paseo sillas, todo tipo de sillas, por la calle. Y la silla esa que usted me dio a pasear, puede creer que se le sentó una señora en el colectivo, y no había manera de sacarla, quedaba muy mal.  Bueno, usted me dijo que no la tenía ni castrada ni amaestrada, y estaba en celo de silla.  Era una silla que se le iba a ir en cualquier momento. Porque le digo la verdad, ella la buscó a la señora, porque yo le dije esta silla adonde ve un traste se le pega, y esa señora, tenía un señor traste. Asiento macho? Heeee, no hay que tener asiento macho, se le van en el celo.

Sí, es la quinta silla que no le devuelvo, que quieren eran todas machos. Naaaa, mentira, decires del barrio eso de que yo las liberó ¿Adonde han visto sillas callejeras, salvajes, corriendo por las calles? ¿Y qué tengo que ver yo con que el barrio se haya llenado de sillas callejeras?

 Bueno, atrapé una silla si quiere. Haga lo de todos, póngale una mesa de cebo. Aunque quiere que le diga, es muy desleal hacerlo 

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