martes, 2 de febrero de 2021

Entrevista a Lena Reniú. Escritora, lectora. Y fragmento de uno de sus textos "Borges podría haberse juntado con Darwin y Einstein con Galeano. Sería interesante leer esos libros."

 Nombre completo y seudónimo como escritora

Hay dos nombres con los que me identifico, uno es el de la científica y docente y el otro es mi seudónimo que nació como una conjunción del nombre y apellido de mis abuelas. En esta entrevista responde la escritora así que: me llamo Lena Reniú

¿Leíste mucho?

No puedo decir qué es mucho o poco en cuestión de lectura. Leo desde muy chica y amo hacerlo.

¿Un libro que nos recomendarías?

Muchos!!! De los últimos que leí recomiendo “Civilizaciones” de Laurent Binet. Una genial distopía sobre la “colonización americana”.

¿Un libro que no nos recomendarías?

Recomiendo siempre leer, acá va en el gusto de cada lector.  Generalmente las novelas del tipo “50 sombras de Grey” no son de mi agrado.

¿Tenés un crítico poderoso como escritor?

Sí, mi crítico está bastante presente. Trabajo diariamente para que no me bloquee.

¿Ese crítico ha incomodado tu labor como creativa alguna vez?

Más de una!!!

¿Crees que esta es una sociedad donde los críticos de cada persona están desbordados criticando cada experiencia sin parar?

La verdad es que no lo veo como un fenómeno social, al contrario, creo que (a partir de las redes) la sociedad en estos momentos tiene la característica de poseer un sinnúmero de “opinadores seriales” que buscan imponer su “verdad” y carecen de fundamentos. Quizás si fuesen un poco más críticos y menos verborrágicos tendríamos experiencias más nutritivas en nuestras vidas.

¿Si crees que es así, como crees que se puede solucionar?

No considero que tengamos que “desactivar” al crítico que llevamos con nosotros, sino aprender a convivir con él. A veces está bueno escucharlo.

¿Cuándo escribís conectas con la creatividad? ¿De ser así, esa conexión te da placer?

Escribir es crear, dejarse llevar y disfrutar el proceso.

¿Cuál fue tu mejor momento como escritora?

Todas las veces que me encuentro frente a una hoja en blanco.

¿Crees que mayor conexión la creatividad puede mejorar la vida de las personas y el mundo?

Totalmente!! La creatividad, de la forma que sea en la que se manifieste, es imprescindible para conectarnos con nuestro interior y así poder interactuar en forma más sana con el entorno.

¿Cómo se puede lograr eso?

Con educación. Fomentando desde pequeños la expresión del arte en todas sus formas.

¿Si nos tuvieras que aconsejar un libro para que leyéramos, uno solo, cuál sería?

Uf... Qué difícil responder esta pregunta!! Recomiendo leer “El principito”. Lo he leído muchas veces, desde mi infancia hasta mi adultez y siempre encuentro nuevas interpretaciones. Es un libro de esos que no caducan.

¿Si nos tuvieras que aconsejar una experiencia para que vivamos, una sola, cual sería?

Tomarte un tiempo en soledad y ver amanecer o atardecer en un lugar donde abunde la naturaleza.

¿Qué es Julia Cameron para vos, y como te has relacionado con ella?

Julia es una guía para todo aquél que se anime a transitar por la escritura creativa. Ella es mi anti-crítico.

¿El mayor constructor de relatos que se conoce, cuál es?

Otra vez, vienen muchos nombres a mi cabeza: JRR Tolkien, George RR Martin, Isaac Asimov, Margaret Atwood, JK Rowling, Julio Cortázar. Los admiro por su capacidad de crear universos y llevar al lector a sumergirse en ellos.

¿Has trabajado de guarda parque?

 No

¿Has estado trabajando en lugares como la Antártida, como es esa experiencia?

 Si, pero hoy responde la escritora, no la científica. Jajaja

¿Te has llevado libros para leer allá? ¿Te han acompañado?

 ¡Siempre llevo libros a todas partes! A los libros hay que hacerlos viajar.

¿Nos aconsejas a todos pasar por una experiencia como la tuya?

No me gusta dar consejos, creo que cada uno debe explorar sus propias experiencias. Quizás lo que para mí fue increíblemente hermoso sea una pesadilla para otro.

¿Tu labor particular como trabajadora, en distintos y trabajos, se ve reflejada en tus textos, o tus textos en tus otros trabajos?

Ambas cosas. Tanto como científica, escritora y docente apelo a la creatividad. Y me ha dado resultados muy positivos!

¿Hacen faltan más textos de comedia y distención en el mundo, o más textos científico o ambos?

Hace falta promover la lectura, de cualquier tipo de texto.

¿Cómo científica concebís a la ficción como una forma de ciencia, un lugar de descubrimientos nuevos?

Como científica disfruto de leer y escribir ciencia ficción. El lugar de los descubrimientos es la investigación. No hay que confundir las cuestiones porque ahí entramos en un terreno pseudocientífico que es peligroso. Debemos tener en claro que la ficción es eso: ficción. Aunque haya novelas que tengan alguna base científica NO es ciencia.

¿La ciencia se alimenta de la ficción o está muy alejada de ella?

Creo que lo respondí en la pregunta anterior, pero me extiendo un poquito. La ficción puede basarse en ciertos descubrimientos científicos y crear universos que sean geniales. La ciencia se basa en datos, hechos, experimentación, hipótesis y teorías.

¿Cómo se llevan el mundo espiritual con el científico?

¿Por qué habría que separar a ambos “mundos”? Creo que cada humano en este planeta convive perfectamente con esas dos facetas, algunos manifiestan uno más que el otro, pero hasta la persona más racional que encuentres va a tener una parte espiritual.

¿Y cómo te llevás vos con ambos?

Ambos se llevan bien conmigo.

¿Crees que los conocimientos antiguos y la ancestralidad, de cada pueblo y de cada persona en particular está subestimada u olvidada en esta sociedad?

Si y no. Creo que desde hace no mucho tiempo hay una gran parte de la sociedad que está tratando de reconectar con las raíces, tratando de ser menos nocivos para el planeta, de buscar ese equilibrio que supimos tener durante millones de años de evolución.

¿Cómo escritora querés rescatar cierta ancestralidad, propia o de colectivos de personas?

Querer quiero!, veremos si puedo! Por ahora lo estoy intentando.

¿Hay en los conocimientos de los antiguos soluciones para los problemas que atravesamos ahora?

Depende qué conocimiento y qué problema. Por ejemplo en lo referido a agricultura y ganadería no nos viene mal mirar un poco hacia atrás. Igualmente con lo espiritual. Creo que es un momento en el que nos vendría bien reconectar con ciertas cuestiones ancestrales. Ser un poco más orientales en nuestra manera de apreciar la sabiduría de las generaciones pasadas y traerlas hasta el presente, pensando en el futuro.

¿La escritura es una forma de memoria, o de recuerdo?

De ambas cosas, creo que la escritura es la representación de nuestras memorias, recuerdos y fantasías.

¿Qué te produce escribir?

Placer, reconexión y tranquilidad.

¿Y leer?

Amor, odio, frustración, miedo, bronca, placer... Dependiendo qué es lo que esté leyendo en cada momento. Creo que lo que más disfruto es que cada historia es única y puedo transportarme en tiempo y espacio.

¿E investigar?

Hoy escribe la escritora, op cit.

¿Manejas conocimientos de varias ramas, que tienen que ver con conocer la actualidad de distintos abordajes, hacia dónde vamos?

Tema que da para largo y para otra entrevista.

Sos una persona que reúne en si conocimiento y experiencias multidisciplinarias ¿Hay una nueva forma de actuar y de pensar relacionada con lo ultidisciplinario, la amplitud, y eso es una especie de esperanza para  nosotros?

¿Está eso en tus textos o tratás que esté?

Deberían responderlo los que me lean.

¿Tres autoras/res que nos recomiendes leer?

Selva Almada, Samantha Schwebelin, Mariana Enriquez.

John Katzenbach, Umberto Eco, Eduardo Galeano.

¿Si se hubiese juntado Borges y Einstein y hubiesen escrito un libro juntos, que hubiese salido de ahí?

Einstein jamás se hubiese juntado con Borges. Borges podría haberse juntado con Darwin y Einstein con Galeano. Sería interesante leer esos libros.

¿Hay ciencia en tus textos?

Hay hechos basados en conocimientos científicos cuando escribo ficción.

Cuando hago textos de divulgación claramente hay evidencias científicas en ellos.

¿Hay textos literarios en tus ciencias?

No, los textos literarios no tienen cabida en las publicaciones científicas.

¿Quién es  LENA como escritora?

Alguien que busca llegar al lector a través de sus textos, ¿no es eso lo que son todos los escritores?

¿Escribir es una forma de altruismo?

Para nada, el ser humano es el bicho menos altruista sobre la faz de la tierra. Y los escritores no están exentos de ese karma. Escribimos porque queremos que nos lean.

¿Escribís también para ayudar de alguna manera a los otros y a vos misma?

Escribo para mí, qué es lo que me gustaría leer, qué historias me gustaría escuchar (gracias Julia Cameron por hacerme entender que el primer lector es uno mismo). Obviamente que espero que mis textos hagan algún efecto en el lector, pero no escribo pensando en ayudar sino en entretener.

¿Tenés algún sitio donde te podamos leer?

Todavía no.

¿Con que imagen querrías que ilustre este entrevista?

¿Nos compartís un fragmento de tus textos así te leemos?

Va un texto corto, es un germen de algo que estoy gestando a partir de los talleres de escritura.

                                                                                                                                   Entrevista Alejandro Miguel

Rata Topo

        El calor se torna insoportable, no puedo dormir, no me acostumbro a la luz que se filtra por las persianas blackout. Pensar que de adolescente amaba las siestas, ahora que no queda otra opción me cuesta conciliar el sueño. Son las 13 horas, afuera hay un silencio sepulcral. Sólo se escucha el ronroneo de los aires acondicionados. Ya no quedan seres vivos en la calle.

Esta noche empiezo un nuevo trabajo, quizás por eso no puedo dormir. Miro las pastillas recetadas en mi mesa de día y me rehúso a tomarlas. Me dejan en un estado de semi-somnolencia cuasi catatónico, donde mi mente sigue divagando y el cuerpo no me responde. Alguna vez leí que luego de un tiempo enterrados descubrieron ataúdes con rasguños desde adentro. Ahora no pasa eso, el calor lo mata todo, aun lo que está muerto.

No sé exactamente cuándo cambió el mundo. Quizás no me di cuenta, ¿fueron años de preparación? Luego del inicio de la década del ´20, la gente ya se había acostumbrado a quedarse en sus casas trabajando, estudiando y soportando estoicamente la convivencia con los demás integrantes de la familia. Todo empezó a ser más desacelerado, los autos se movían menos por las calles, no percibimos que el frío del invierno mermaba hasta que nos dimos cuenta de que habíamos arrumbado las bufandas y las medias de lana en el fondo del placard. Los negocios dejaron de hacer horario corrido, ya nadie podía escaparse un rato de las oficinas para darse un gustito paseando por las galerías del centro. Estudios científicos de universidades de renombre mundial determinaron que hacer siesta incrementaba la productividad de la segunda mitad del día. Las empresas comenzaron a obligar a sus empleados a cortar de trabajar luego del almuerzo y retomar sus labores después de la merienda. ¡El segundo desayuno es tan importante como el primero! Versaban los titulares de las revistas y de los suplementos de salud de los diarios del domingo. La siesta es salud: cómo conciliar el sueño a la mitad del día.

Y así fuimos despertando cada vez más temprano. Al principio me conectaba a las 6, después a las 5... ahora el horario es de 22 a 6. De 6 a 8 hacemos las compras y demás actividades obligatorias. A las 9 es el segundo desayuno y a las 10 estamos todos en la cama. A las 19 todo el mundo arriba, a merendar y prepararse para la jornada laboral.

Ninguno de los trabajadores vimos venir el cambio. En la tele había algún que otro catastrofista que nos decía que el calor era imparable, que ya habíamos pasado el punto de no retorno, que la humanidad estaba condenada... Pero como la humanidad siempre se reinventa se crearon las “comisiones de calor”, no para frenarlo, sino para adaptarnos a vivir con él. El ministerio de infraestructura, el de salud, el de vivienda, el de medio ambiente (más medio que nunca), todos absolutamente todos tenían a sus expertos en calor para afrontar las crisis.

Lo peor fue el desarraigo de la gente de las ciudades inundables, la capital se mudó cerca de las montañas, los políticos pasaron de asientos confortables en sus oficinas a cabañas y edificios de no más de seis pisos. Al principio renegaban de las calles de ripio, después, cuando el asfalto se empezó a agrietar, a descascarar y la brea se quedaba pegada a las gomas de los autos y las zapatillas, las piedritas aplastadas no les parecieron malas, sino la solución a todos los problemas de vialidad. El precio de los 4 x 4 se fue a las nubes, claro esto antes de que pasáramos a los eléctricos, pensar que usábamos combustibles fósiles me hace reír y a la vez indignar: ¿Cómo pudimos ser tan imbéciles? Si el sol siempre estuvo ahí, ¿por qué no usarlo?

Arden los ojos, pinchan como si millones de alfileres infinitesimales se alojaran en los párpados. Mi cara extrañamente está rosada, los pómulos estirados y resecos. dos surcos violáceos coronan el paisaje de mi mirada. Son las 3 de la tarde de un jueves de noviembre, sigo sin poder dormir. Afuera el sol reverbera y se proclama como el rey solitario de la tarde.

Nací en la década del '30, no recuerdo mucho de mi infancia en la gran ciudad. Sólo imágenes inconexas: un puente de acero sobre las vías, un abuelo que me contaba historias mientras pasaban los trenes. Un viaje en subte con mamá en el último vagón mirando hacia atrás las luces del túnel que se iban dispersando sobre la marcha. Una calle finita empedrada, llena de árboles y graffitis en las paredes. El olor a jazmín que daba inicio a la época de las fiestas.

Una alfombra naranja, un helado aplastado y chorreante en la cortina blanca del living, los gritos de mamá y la risa cómplice de mí viejo.

Los fines de semana con los primos, el disfrute de estar todos juntos sin ninguna preocupación.

Nada de eso quedó en pie, ningún lugar de los que pise en la infancia existe hoy más que en mis pensamientos. Siento un nudo en la boca del estómago, no cataloga como náusea sino como una presión constante e intensa pero no paralizante. Mis piernas se adormecen, cosquillean y comienzan a pinchar como mis párpados.

Empiezo a toser, la sequedad de la garganta avanza hacia la laringe, la voz se pone ronca. A los 8 años nos mudamos a la montaña. El pediatra dijo que era la única solución, que mis pulmones no iban a aguantar si nos quedábamos en la ciudad que cada vez se hacía más húmeda. Yo creo que fue la mejor excusa que tuvo mamá para alejarse de los mosquitos. Los odiaba y los combatía diariamente. Nuestro departamento estaba en planta baja, tenía un patiecito y una terraza. Todas las ventanas estaban tapizadas con mosquiteros metálicos que ella rociaba con un líquido con olor a limón dulce, por la mañana y cuando caía el sol. Era un ritual: rociar los mosquiteros, encender los aparatos ahuyentadores, embadurnarnos con una crema medio espesa las piernas y brazos, fijarse que no quedara el agua del perro afuera ni ningún indicio de charco bajo las macetas... Todos los días la misma historia. Mi hermana llamaba a ese momento " la hora de la brigada antimosquitos". Tanto miedo metía mamá con esos bichos que la primera vez que me pico uno le dije a Mariana: me voy a morir, no le digas nada a mamá ni a papá porque fue mi culpa. Le abrí la ventana de la pieza al Bayo porque le gusta mirar hacia la vereda y corrí el mosquitero para que no lo rompiera. Sabés que se pone loco cuando ve a otro perro pasar por la calle. No le digas, ¡prometeme! Mariana se rió, me dijo que no me iba a morir, que mamá era una exagerada, que ella a la noche abría el mosquitero para mirar el cielo sin el cuadriculado, que no me preocupara, que no pasaba nada. Yo le creí, era mi hermana mayor.

Se murió en un hospital, igual que el abuelo, por la enfermedad de los mosquitos. Al poco tiempo nos vinimos a la montaña con el Bayo, papá se quedó en la ciudad. Nos vinimos para curar mi tos, o eso decía mamá.

La pantalla sigue encendida, un presentador habla sobre cómo hidratar cebollas sin necesidad de dejarlas en remojo toda la noche. La señora que lo acompaña tiene un extraño tono verdoso en la piel, mueve su cabeza asintiendo todo lo que explica el hombre, sus rulos parecen resortes deteriorados, tardan en volver a su lugar de origen en el peinado. Me miró al espejo, tengo el mismo tono que la señora de la tele. Voy hasta el botiquín y saco la botellita de vitamina D. Hace años que el sol no toca mi piel desnuda de bloqueadores. Las ojeras azules ya son parte de la fisonomía de mi rostro. Pienso que combinan con el verde piel y me río. Noto los dientes amarillentos del exceso de café y tabaco. Saco la pasta blanqueadora y el cepillo. Mis manos trabajan mecánicamente durante los 5 minutos del tratamiento de limpieza. Arriba, abajo, arriba, abajo. Le doy importancia a las muelas, ya perdí tres en lo que va de mi vida. Las caries se volvieron resistentes a los químicos. Todo evoluciona, mejora, se adapta. Esta noche voy a tener que empezar la adaptación al nuevo empleo, todavía no sé por qué le dije que sí. Quizás porque a la reclutadora se le movían los rulos de la cabeza como perfectos resortes cobrizos, hipnóticos como la voz del presentador que sigue hablando de cebollas deshidratadas en la tele.

 Desplomo mi cuerpo en el sillón y pienso en ella. Me quedo en las comisuras de sus labios, rosadas y tersas contrastan con su piel blanca. No lleva maquillaje y eso me gusta. Cerca de la nariz un grupo de pecas tienen la forma de las pléyades, el cinturón de orión en sus pómulos se deforma cada vez que sonríe. Me pierdo, evado la realidad en cada palabra que pronuncia. Su voz tiene un leve ceceo, algo ronca y de un tono grave para ser mujer. Cierro los ojos y siento que por fin el sueño está llegando, la reclutadora me arrulla, el sillón me acuna.

 

Lena Reniú

Diciembre de 2020

 


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