jueves, 23 de junio de 2011

Mirada sobre el sistema centralista de poder en la vida cotidiana. El equilibrio desequilibrado

Suele haber una distancia entre el estatuto que se le da a una cosa, y lo que es la cosa. No es automático, porque se dice algo de una cosa, la cosa tiene que serlo. Y los que suelen asignar los estatutos, son las personas, que están sujetas a errores. Pero una vez que se le da un estatuto a una cosa se naturaliza como que lo desarrolla. Eso suele suceder con los líderes, o dirigentes o directores, o jefes. Aquellos que tienen en sus manos la dirección sobre otras personas, y deciden los rumbos. En una sociedad patriarcal y centralista esta figura es fundamental. Decide sobre todos, y si está ahí arriba es porque sabe decidir, es criterioso y equilibrado. Nos ponemos en sus manos y no cuestionamos su decisión. Así la sociedad Argentina tuvo como máximo jefes, responsables de todas las decisiones, durante más de diez años a Menem y De La Rua. Dos personas a las que no le darías a organizar ni el cumpleaños de tus hijos. Hay varias miradas sobre esto, muchas veces los que tienen un estatuto de algo, no lo cumplen. Muchas veces los que están para dirigir no son personas equilibradas que te llevan por buen rumbo, sino todo lo contrario, son personas desequilibradas que se destacan por su desequilibrio. Y en una sociedad expositora, donde muchas veces los que llegan a lugares de importancia, no son ni lo que más talento ni lo que más equilibrio tienen, sino todo lo contrario, los que mejor se relación y mas se exponen. Los que mejor gritan, no los más callado, y la sabiduría esta en el silencio. Quizás habría que empezar a cuestionar íntimamente los estatutos, porque esté en dirección no significa que sepa dirigir. Y en una sociedad adonde todos se venden todo el tiempo, como una marca. Quizás esté en dirección porque es que mejor se supo vender, construirse a sí mismos (trepar seria también) y si lo hizo, es porque le dedicó mucho tiempo a aprender y profundizar eso, venderse, acceder, y le quedó poco tiempo para aprender el oficio y aprender a dirigir. Quizás hay que empezar a considerar, aunque sea revolucionario y disgregador, que el que dirige puede fallar. Y de que hay mas posibilidades de que falle que de que no. Y quizás empezar a replantearse el sistema de centralismo en varias esferas de la sociedad. El poder en manos de una sola persona (no hablo del sistema presidencialista ni tampoco de la presidenta, sino de las esferas más pequeñas, y aun las de la vida cotidiana) tiene un sola posibilidad de salir bien (la de la persona) Y cuando esta empieza a fallar, no tiene posibilidad de dejar de hacerlo. Arrastrando con su error a todos los que dirige. Quizás habría que pensar el sistema de poder y decisiones repartido en más de uno, marcos asamblearios reales para todos. La época que mas avanzó el pensamiento occidental, no fue ni central ni personalista, sino asamblearia, cuando en la Grecia antigua se debatía en asamblea y se exponían conocimientos, que confrontaban entre sí. Y no cuento las asambleas de la revolución francesa, que también fue una época asambleísta, y también adonde más avanzó el pensamiento occidental también. De hecho las revoluciones, que son situaciones que arreglan problemas y cubre necesidades, suelen ser periodos asambleístas. Hasta que después se vuelve a centralizar


No quiero ser purista ni crédulo, pero hay que considerar que la sociedad cambió (cambia todo el tiempo) los sistemas de relaciones también (cambian todo el tiempo) y que el que llega al lugar de poder hoy, no es el más capacitado, sino el que mejor vendió la marca de sí mismo. Y una vez que está en un lugar de decisión (sea cual fuere) ya no se trata de vender su propia marca sino de dirigir destinos y tener en tus manos a un montón de otros ¿Puede tener en sus manos a un montón de otros y dedicarse a los otros alguien que por experiencia demostró más que nada dedicarse mucho a sí mismo, y pensar mucho en sí mismo, al punto de venderse a la perfección, y llegar adonde quiso?
cotidiana
Son líneas de miradas nada más. Pero quizás haya que empezar a debatir cosas pequeñas en profundidad, todo, desde lo más chiquito

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